Hoy desperté temprano,
me desperecé y lo sentí.
Sí, sentí al tiempo instalado en mis huesos,
en mi sangre, en mi corazón,
en mi piel.
También lo sentí en mi mente…
Fue una sensación extraña y placentera
porque, a diferencia de lo que creen,
¡me sentí plena!
Porque los huesos son mi sostén,
mi sangre, bombeada con la fuerza
de mi corazón ardiente,
recorre cada rincón de mí,
dándome la energía necesaria
para renacer cada día.
