Guardado en nuestro inconsciente hay sueños que están aún latentes.
El tiempo, nuestras vivencias y el hecho de que por todas esas cosas, los hemos ido dejando de lado.
El caso es que parece contradicción cuando la cajita mágica de los sueños guardados y atesorado, nos sorprende en medio de la noche y aprovechando el desvelo te preguntan: “¿te acuerdas cuando te habías prometido que querías vivir en el campo?” – y para justificarme les digo: “Eso hace mucho tiempo” pero te olvidaste me dicen, “No” “Aun pienso en ello”, solo que ahora ya no podría disfrutar de su encanto, de aquellos cerros chatitos, que el sol hacía brillar y las margaritas rojas y azules que los cubrían. No tengo la misma fortaleza para transitar sobre ellos con la inocencia que me acompañaba en aquel momento.
Bueno tambien habían espinas y abrojos que me herían mis pies descalzos. Pero no me importaba. Disfrutaba igual
Ahora cuando comparto con familiares y/o amigas, que si pudiera me iría a vivir al campo, todos me responden: “ ¿a esta edad?” “¿a que vas a ir al campo?” “Tú debes estar delirando!”. “Dí algo concreto que le de validez a ese tu sueño descabellado, sin sentido”.
Hay momentos sencillos y bonitos que solo el alma entiende, les dije.
Pero vuelven a la carga con sus argumentos y me responden: “¡pero la vida no son solo sueños!”
No gasten tantos argumentos, les digo, que de todos ellos soy consciente.
De todas maneras no descarto nada.
A veces los sueños son solo sueños pero nunca locuras.
