¿QUIÉNES SOMOS?

Sonia, Gustavo, Barcelona

por | 29 Oct, 2025

Cuando Gustavo le dio la noticia, Sonia se quiso morir. Nunca esperó semejante decisión. En alguna oportunidad habían estado hablando del tema, pero nunca lo había visto tan decidido y le salió desde lo mas profundo; – ¡Esas son ideas del Gordo Toledo de mierda, que no se anima solo y te da manija a vos! 

Gustavo quedó pasmado, porque lo dijo con una rabia que se le notaba en los ojos, en los puños y hasta en el pelo. 

-¡No!, dijo Gustavo. Si bien es cierto que el Gordo me invitó, pero vos sabés bien que lo vengo pensando desde hace un tiempo. Es más, en algún momento te invité, pero me dijiste que no estaba en tus planes y te recontra entendí.

Gustavo y Sonia eran novios desde segundo año de liceo y eran como el ejemplo a seguir de pareja unida, mas allá de las diferencias entre ambos. Diferencias que tenían que ver con los perfiles económicos y sociales. Pero ellos nunca le dieron bolilla al tema. Gustavo venía de una familia de izquierda, comprometida políticamente, con padres laburantes y Sonia mas bien burguesa de madre médica y padre arquitecto. 

Esa condición nunca fue impedimento para que ellos fueran novios desde gurisitos y los padres jamás se metieron en sus cosas, cuestión que hablaba bien tanto de los padres de Sonia como de los de Gustavo.

Pero esta vez la noticia era muy fuerte para Sonia. – Así que a Barcelona, dijo ella. Y ¿Qué mierda vas a hacer en Barcelona con el gordo haragán ese? 

-Hay gente que nos va a dar una mano dijo Gustavo.  Vos sabés bien, que a mi viejo lo han llevado varias veces y luego lo sueltan y eso acarrea que le cueste conseguir laburo, por mejor albañil que sea. Mi vieja está cansada y sabe que en algún momento lo van a llevar y lo van a meter años como a otros compañeros del barrio. Yo me cuido, pero en facultad han caído compañeros solo por hacer una pegatina.

Al final triunfó el amor. El Gordo Toledo, haragán y todo marchó para Barcelona, con terrible cagazo. Gustavo y Sonia lo acompañaron al aeropuerto. 

A los pocos días, no mas de quince, Gustavo recibió una llamada del Gordo, donde le contó que había conseguido un laburito en una ferretería y que se venía revolviendo. Que le costaba un poco el tema del exilio, pero el gordo mas allá de todo era gran tipo y seguramente todos lo rodeaban.

Un domingo por la mañana el padre de Sonia la despierta y le comenta que se habían llevado a Gustavo y al padre. Sonia como loca corrió hasta la casa del muchacho y encontró a la madre sentada en un sillón abrazando a los dos hijos mas chicos. 

-¿Qué pasó? Dijo Sonia

-No sé, no sé – respondió la mujer. De madrugada vinieron y se los llevaron y hasta ahora no se nada de ellos.

A los diez días el padre de Carlos apareció en la vieja fábrica abandonada con señales de haber sido golpeado por todos lados. Una mujer que pasaba lo vió, le preguntó quien era y lo arrimó hasta la casa. 

De Gustavo hasta hoy no se sabe nada, como si se lo hubiera tragado la tierra. Dicen algunos otros detenidos que lo sintieron decir mientras lo apaleaban – ¡Sonia, mi amor..! – Vámonos para Barcelona, repitiéndolo varias veces, hasta que después no se escuchó mas nada.

Hoy Sonia camina todas las marchas con una foto de Gustavo y lo sigue buscando. El Gordo Toledo a pesar del Alzheimer, lo sigue invitando para ir a Barcelona y sigue diciendo; – ¡vamos Gustavo, hay gente que nos va a dar una mano!