Había una niña que siempre ganaba en todos los deportes. Por eso, todos la aclamaban, la admiraban y amaban.
Pero un día perdió. Se puso muy, pero muy enojada. La mamá le preguntó:
-¿Qué te pasa?
-¡Mamá! ¡Hoy perdí un partido de jockey! -exclamó furiosa.
-¡Pero no podés enojarte por eso!
-¡Sí, mamá! ¿No ves que es horrible perder?
La mamá respiró hondo, y se armó de paciencia, antes de responderle.
-Por eso no tenés que enojarte. A veces se gana, y a veces se pierde, mi amor.
-¡Andá! ¡Eso es mentira! ¡Yo siempre gano! – insistió la pequeña Sofía.
-¡Abrí bien los oídos, y escuchame! No siempre tenés que ganar, porque perdiendo también se aprende.
-¿En serio? ¿Cómo es eso? ¿Qué aprendo cuando pierdo, mamá?
-Tal vez cometiste un error. ¿Te parece?
Sofía se queda pensando y responde:
-Sí. En lugar de pasarle la pelota a Martina, que estaba bien posicionada, tiré al arco y erré.
-¿Por qué hiciste eso?
-Porque yo quería ser la estrella, mamá.
-¿Y que lograste?
-¡Que el equipo perdiera!
-¿Y qué harás en otros partidos?
-¡Jugar en equipo! ¡Gracias mamá, por enseñarme que debo jugar con mis compañeras! – dijo Sofía abrazándola fuerte y feliz.
Maia Rodríguez
8 años
3er. año, Escuela No.1, José Artigas. Durazno
