Era un día muy caluroso de verano, como suelen ser casi siempre, y más aún en enero.
Domingo ensilló temprano la rosilla. Salió del pueblo previendo que a media mañana ya debía estar volviendo si no aparecía nada fuera de lo normal. Su atención principal era la majada, había visto en recorridas pasadas que la mosca estaba brava. Ese día iba a encontrar alguna oveja o cordero con dificultad para caminar.
