El amor es como las burbujas. Son complicadas de crear y difíciles de mantener. Pero son hermosas. A través de ellas ves el mundo con otro color. Ves todo tornasolado, multicolor, radiante y siempre debes disfrutarlo porque sabes que de un momento a otro PLOP, puede dejar de existir. El amor es como las burbujas. Miles de ellas levitando en los aires, siguiendo distintas corrientes. A veces algunas pompas se meten dentro de otras. Es amor introduciéndose en amor, formando un nuevo tipo de apego, más intenso, doble. O triple. Una pareja es una burbuja, desde ella ven el mundo, desde esa cuota de amor ven el mundo. Pero si otra burbuja, hermosa, radiante, pomposa, llega, choca de casualidad y lentamente se introduce en esa burbuja, ¿qué pasaría? Dos burbujas. Fusionadas. Son mucho más amor que una sola burbuja. Es un amor distinto, más grande, más hermoso, intocable. En cada pompa se reflejan las demás. ¿Qué significa esto? Que del amor de otros se aprende a forjar el propio. Hay burbujas inmensas, irrompibles, que rozan las espinas de las rosas y no se rompen, resisten, gruesas, hermosas. Otras burbujas que de tan viejas, de tan débiles e inmortales, te emocionan al verlas. Estas antiguas burbujas son legendarios amores utópicos, casi irreales, casi imposibles. Casi. Otras burbujas, nuevas, vírgenes, recién hechas, se pueden romper de un solo súbito soplo de cálidos vientos suaves. El panorama es millones de burbujas flotando, distintos amores, que conviven en estas ráfagas de viento etéreo y líquido viajando por el mundo. Texto del libro “Ensayos, filosofías y tecnologías fantásticos” (2021)
