El fresno se yergue gigante
con sus hojas verdes y brillantes
Y el viento fuerte, mueve sus
ramas desafiando su fortaleza.
Los pájaros se acurrucan y cantan
entre sus ramas y uno a uno van
bajando para beber del agua que
que les he dejado en la fuente.
La calandria y el zorzal primero,
a veces un cardenal, y entre los
más pequeños, los canaritos y
los gorriones, al final las palomas.
Muy cerca están los paraísos,
con su abundante follaje,
formando una fresca sombra
que me protege cuando el calor
intenso agobia.
Allá en el límite de mi parque,
un seto verde ha crecido alto
como queriendo alcanzar la altura
del pino ciprés que está en una esquina.
Ahí , hacen nido los pájaros y
se escucha el piar de los pichones.
Delante de ellos está la higuera
con sus hojas grandes
y sus ramas cargadas de higos
que los pájaros y yo disfrutamos.
Hay también dos limoneros, uno
de todo el año, perfumando el aire
con sus blancos azahares
y sus frutos amarillos.
