En mi juventud, cuando vivia en Tejera, era un asiduo lector de revistas y publicaciones de esoterismo y ufología – dos temas que me insumian bastante pensamiento y tiempo en aquellas épocas.
Eso, sumado a mi natural tendencia a ser un crédulo de casi todas las cosas (Todo lo contrario a mi actual inclinación a cuestionar todo), me jugó una mala pasada una noche que tuve que venir a la ciudad a caballo.
Después de cruzar el arroyo por el paso de Mansilla, -donde decían que algunas noches, un alma negra y felina, saltaba al anca del caballo y no se bajaba hasta cruzar a la otra orilla, cosa que nunca me pasó pero la vivía cada vez que cruzaba por alli, llegamos trotando con mi flete al boliche del Chongo, donde después de un saludo cortés y cortito, compré una cerveza para ir tomando por el camino.
No sé si fueron los vahos del alcohol o la profundidad de la noche. O las dos cosas. O algunas otras,
pero cuando llegamos con el rosillo a la cima de un pequeño repecho, un poco antes del tambo de Isola, nos topamos con que en el bajo estaba posada cual libébula una impresionante y plateada nave espacial coronada de luces de colores. Mamita querida!
Como ya más o menos sabía la manera de hacer contacto, por tanta lectura específica, y como la Doble Uruguaya me había dado cierto valor y desparpajo, me apeé y até el caballo en el alambrado y me fuí acercando a hurtadillas a aquella majestuosa nave. (que por el tamaño no era nodriza ni a palos)
A medio camino logro divisar en la oscuridad la sombra de una figura humanoide, quieta, de no más de un metro de alto, con unos brazos largos que le llegaban hasta el piso.
Cuando estoy a unos diez metros del alienígena, siguiendo los protocolos de contacto, con voz neutra, le largo – Acá Eduardo Bidegain, Terrícola, tratando de hacer contacto.-
con lo que la figura se estremece y queda en alerta pero no contesta a mi intento.
Vuelvo a repetirle, ya un poco asustado y con voz un poco temblorosa – Acá Eduardo Bidegain, Terrícola, tratando de hacer contacto!-
nuevamente un pequeño movimiento del E.T. Y nada de respuesta.
Ya desconfiando de todo lo que había leído y mas asustado por la posibilidad de que todo saliera mal, levanto aún más la voz en un último intento de unir dos mundos.
Acá Eduardo Bidegain, Habitante de la tierra, tratando de hacer contacto!!
Y ahí si, el marciano, ya fastidiado, me contesta:
Acá Fernando Gómez, camionero de Conaprole, tratando de cagar tranquilo!
