Desde el aire la vista de la ciudad er. curiosa, destacaban las luces de las calles y las de algunos edificios importantes.
Más allá del monte y cruzando el Yí se divisaban una pequeñas luces vistas desde lo alto que contrastaban con un fondo negro, oscuro.
Parecían luciérnagas ordenadas en dos hileras sobre el campo.
Para el piloto del transporte de pasajeros que volaba en la noche, y desde hacía algunas horas, eran aquellas luces referencias imprescindibles para comprobar lo acertado de su navegación.
La pista de césped del improvisado aeródromo en Santa Bernardina era iluminada por las noches con lámparas de queroseno a los efectos de servir como referencia y ayuda para los aviones que seguían la ruta entre Buenos Aires y la ciudad brasileña de Porto Alegre.
En 1935, se había habilitado, en la margen oriental del Yí, un campo de aterrizajes para una compañía francesa, campo que ya había sido utilizado por su antecesora la Compagnie General Aeropostale que cubría dicha ruta.
En 1929 llega como piloto de la Compagnie Aéropostale, Antoine de Saint Exupéry, conocido luego por su novela » El principito».
En 31 de julio de 1930 Saint Exupéry voló a nuestro país aterrizando en el campo de aviación de Melilla y hay constancia de varios vuelos de este famoso personaje entre Buenos Aires y el campo situado en Pando, campo arrendado por la compañía aérea francesa, pionera de la aviación comercial en esta región del sur del continente.
El campo de Durazno, en cambio, fue un campo de emergencia o alternativa.
La especulación literaria asume muchos riesgos, muchos más que la histórica, y queda librada a la imaginación de quien cuenta o escribe.
Los aviones de los franceses pasaban por encima de Durazno, más alto, y no formaban parte del paisaje como los otros aeroplanos locales que de un modo u otro hacen a lo folklórico local.
Quizás alguna noche voló por encima de Durazno el famoso aviador que entre sus ideas ya llevaría el germen de su personaje literario, y quizás las luces de Durazno recrearon ese universo de estrellas y galaxias, telón de fondo para la historia de ese pequeño príncipe de otro planeta que dialoga con un piloto que se encuentra perdido en el desierto del Sahara después de que su avión sufriera una avería.
Y vaya a saber si la noche no le inspiró la trama filosófica de esa novela que se hizo luego tan famosa y tan vigente.
Nos queda la duda, pero más allá de ella, todo lo lícito que podemos inventar y pensar si alguna vez Antoine de Saint Exupéry no habrá cruzado por encima de estas tierras.
Capaz que en algún libro de vuelo, en algún lugar escondido, esté escrito el derrotero de un avión con nuestro personaje a bordo, mientras no le hallemos sigamos imaginando que quizás Saint Exupéry voló alguna vez sobre el Yí.
