Nunca sabré cual fue el mal que yo te hice para recibir todo el menosprecio que me diste sin razón. Dí todo de mi para cuidarte, dediqué cada segundo que compartí contigo para que nunca te sintieras como no quería que lo hicieras, para que no te sintieras como yo me he sentido. La lluvia resonó con ira y pesadumbre una vez que quebraste mi corazón por completo, y el atardecer que una vez compartimos se tornó en la tormenta qué provocaste en mi interior. Cuando esta finalmente paró, a lo lejos pude presenciar los rayos del sol volver hacia mí. Gotas siguen cayendo en aquel mar que ambos admirábamos. Caminé por todo un prado hasta volver a casa, Mientras la luz de sol y la brisa acariciaban mi pelo iba escribiendo la carta que nunca te dí con cada paso que daba. Las lágrimas del sol eran la tinta con la que escribí cada palabra que me hubiera gustado decirte de frente antes de tu eterno partir. Fue entonces cuando llegué a casa qué me dí cuenta que no podía hablar con quien ya no existía para mi.
