Había una vez un ser humano llamado «Despertando» que vivía en una casa de cristal.
Despertando era el «Señor Eficiencia»: siempre llegaba a tiempo, su traje jamás tenía una arruga y sus respuestas eran tan precisas como un reloj que puntualmente marcaba la hora sin un minuto de más.
Todos en el pueblo lo admiraban porque Despertando era, ante todo, una impecable potencia de perfección.
Un día cualquiera, mientras caminaba hacia su trabajo, una baldosa floja, lo hizo tropezar. Despertando no cayó al suelo, pero el tirón rompió el hilo de su pantalón y, en un efecto dominó, se le desprendió un botón de la camisa.
En ese instante, el mundo se detuvo en un tic tac.
Despertando sintió que el aire frío golpeaba su piel y, con ese roce, la máscara de «Ser humano Eficiencia» se agrietó y congeló el tiempo en un parpadeo.
Al mirarse el brazo desnudo, no vio un cargo ejecutivo ni un horario que cumplir; vio piel, vio poros, vio su velocidad en pausa, lentamente.
Escuchó todas sus voces y también la propia fragilidad. ¿Qué es lo qué está sucediendo se preguntó?…
¿Cómo pude no verlo antes si estaba justo frente a mí?
¿Quién más está metido en esto?
¿Qué parte de mi vida ha sido de verdad?
¿A quién le he estado sirviendo realmente?
¿Es este pensamiento mío o me lo enseñaron?
Intentó arreglarse el cuello de la camisa, pero sus manos temblaban.
Ya no sabía quién era, ni de dónde había venido.
Se habían congelado todas sus respuestas, en un parpadeo o como dice el dicho, » en un abrir y cerrar de ojos».
¿Será que tenemos más preguntas que respuestas? O …
será… ¿ Qué la vida es un eterno despertar del destino?…
Vaya una a saber que inquietudes le portaba el destino, o si lo había realmente.
La gente pasaba por su lado y, por primera vez, Despertando no los saludó con su sonrisa cotidiana, más bien tenía una cara de » perro » o de «póquer» dijeran los gurises de ahora.
En un momento se quedó quieto, como una estaca en medio del campo.
Sintió el desamparo de no tener un rumbo donde ir o quizá sí, pero a ciencia cierta lo desconocía.
¿Se encontraba perdido?» (seguramente, aunque tal vez no)», posiblemente …
¿se habría encontrado, ?.(no lo sé)…
En ese fallo, en ese pequeño desgarro del traje social, descubrió que el miedo más profundo, era su existencia.
Replicando aún más su inquietud…
Se pregunto: ¿Qué es existir en definitiva?…
Mientras veía cómo los demás seguían su ritmo frenético sin notar nada, sintió una extraña libertad, la libertad de dejar de parecer lo que realmente era, para empezar a ser lo que realmente quería.
Perder la protección del reloj, fue un dolor, manifestaba Despertando, pero al final de la calle, ya no caminaba como sí mismo, caminaba como un hombre que había
» Despertado».
¿Qué despertar deberíamos hacer los seres humanos?.
¿Qué es ser humano hoy?. …
¿Será que despertando había Despertado o estaba realmente dormido aún?…
Fin
