Si Fabián no fuera reconocido, seguro sería uno de los «escritores de la nada», uno de nosotros. Lo conocí personalmente en Cuenta Cultura, había hecho una presentación de cuentos y música con Santiago, otro. Hablamos con él. Sencillo el tipo. Mucho después le escribí diciéndole que nos gustaría que fuera una especie de padrino de nuestro grupo. -Tengo poco tiempo, me dijo, aunque no sé de qué se trata.
-Nada, le contesté. Solo queremos darnos dique, que sabés de nuestro movimiento. Aún hoy no sabemos si ser padrino nuestro será para él un honor, una distinción o un clavo remachado.
– Pero un día puedo ir y hacemos algo, me adelantó como queriendo aportar cosas.
– ¡Ya veremos!, me salió, como no queriendo incomodarlo, ni empezar mangueando como es de uso aquí en Morondanga. Hace poco se lo recordé. Volvía al país y acordamos que me mandaría un regalito de «Costuras» para nuestros lectores. Y aquí va. ¡Uncráeltipo!
Leer Una de arroz, dos de agua
Leer Creer o reventar
