Cuando aún el calendario, nos dice que todavía es invierno,
nuestro cuerpo percibe el cambio que nos trae la primavera.
Después de días grises, con lloviznas y mucho frío,
aparece el sol entibiando el aire e iluminándolo todo.
Cobran vida los pequeños brotes de las plantas,
que relucen con su luz.
Al mirar las ramas del tejido,
movidas por la suave brisa,
las veo más verdes.
Ya está llegando, como en silencio, muy lentamente…
Como a escondidas.
Pero yo la veo y mi alma la siente.
Es la Primavera!
y en un nuevo impulso de recibirla con alegría, me lleva a revisar las plantas de las macetas, a aflojar la tierra, arrancar los yuyos
y dejar todo prolijo para darle la bienvenida,
pleno de hojas tiernas y coloridas flores.
Aún cuando en su algarabía soplan vientos,
los pajaritos preparan sus nidos.
La flor de nieve ya ha florecido.
El tomillo y la lavanda ofrecen sus flores azules a las abejas que succionan su néctar y su polen.
Es una fiesta, cuando todo lo que tiene vida, recobra el impulso de un nuevo comienzo.
