¿QUIÉNES SOMOS?

El árbol de la vida

por | 22 Jul, 2026

Hubo una época, después de la tragedia de Hiroshima y Nagasaki que la humanidad vería con horror la ciencia puesta al servicio de la muerte.

Aquella mañana de agosto de 1945, que los sobrevivientes describen como despejada y luminosa, un hongo maligno radioactivo se esparció sobre Hiroshima.

 La ciudad apacible y trabajadora que se aprontaba para su diario trajinar fue destruída en unos instantes.

Como si fuera poco, a los tres días, lo mismo en Nagasaki.

Paisaje gris  con el odio sobrevolando: de una inteligencia que creó, una voz que ordenó y la mano que ejecutó. Vieja historia repetida de  inocentes pagando una vez más.

Decían los científicos de la época que iban a pasar muchas décadas para que algún vestigio de vida se viera en ese lugar brutalmente devastado.

Entonces, desafiando todas las predicciones, en medio de aquella desolación, entre los restos quemados, de un tronco  aparentemente seco, apareció en la primavera siguiente, un brote verde.

Ese brote,  creció y creció hasta convertirse en un bello árbol: el ginkgo biloba,”el árbol sagrado”, que se plantaba cerca de los templos budistas, “el árbol de la vida”. El árbol que simboliza la resiliencia y la esperanza porque brotó entre ruinas y escombros.

 Hoy ambos se yerguen gallardos: el árbol y la ciudad, para ejemplo de la humanidad.

No sé cómo esa especie llegó a estas tierras, pero caminando por las calles de Durazno, veo muchos de ellos, adornando veredas y patios. , como un milagro de la naturaleza que siempre hermana.

Justamente al abrir mi ventana todas las mañanas, hay un ginkgo que me deslumbra.

 En otoño resplandece; su amarillo brillante destaca entre los otros colores y entra a mi alma  llenándome de su energía. 

Es una tranquilidad saber que él está ahí: “el árbol de la vida”, para recordarme que también en mí, existe. Cuando la noche avanza, cuando nubes oscuras de dolor profundo ennegrecen el horizonte, muy de adentro brota una fuerza vital centellante  que me guía.

Entonces me reinvento y renazco cada día.