El dulce canto de las aves,
invade mi habitación,
mientras la forma reposa en el lecho,
el pensamiento juega
a ser el pasajero de la imaginación,
con destino al destino,
donde tengo tantas canas
como estrellas tiene el cielo,
y las arrugas de mi piel,
se camuflan
con la textura de los árboles.
Pasas la puerta,
con dos cafés en tus manos,
y cuando veo tus ojos,
que reflejan lo duro que ha sido el camino,
te reconozco.
Si nos buscan,
estaremos bajo el sol y la luna
recitando algún poema,
esperando el día
en que nuestras almas
dancen juntas al cielo.
