Me desperté y estabas ahí, tan dulce con tus años y tan sabia con tu paciencia.
Estabas ahí, tan tranquila, sonriendo.
He soñado que te ibas, y me quedaba en un mar profundo de tristeza, con el alma ardiendo y el pecho en pena.
¿Por qué tu partida dolerá tanto? ¿Serán los años? ¿Los abrazos?
