¿QUIÉNES SOMOS?

Santa Bárbara

por | 8 Oct, 2025

Hacía poco rato habíamos llegado. La tarde pintaba gris con algunos nubarrones que no le sacabas la ficha. Si era frío, agua, granizo…

Estamos por almorzar un guiso de porotos de la abuela, de esos bien aceitosos y sabrosos, carne de oveja tierna, mis fideos favoritos, entrefinos y un aroma que, no es posible poner en palabras semejante desguste olfativo y estremecedor sabor.

Mientras, rodeando la estufa a leña que llameaba , yo en la punta del sillón, buscando calorcito, Francis enfrente mio sentado en la silla de la cabecera de la mesa y la abuela al lado.

Charla va, charla viene con el pronóstico del tiempo en mano les fui relatando los días lluviosos que se pronosticaban los días posteriores, entonces de reprente la abuela  frunciendo el seño mira por la ventana que daba a la calle y se acuerda aparentemente de algo…

-Los porotos!!!… No eché los porotos al guiso!

Allá sale de paso largo y apurado rumbo a la cocina. Intentamos convencerla de que no era necesario, pero ya saben como es, es al ñudo que le diga…

Y cuando volvió, se ve que la tormenta le hizo acordar de otra tormenta machasa de hace un tiempo.

Estábamos durmiendo plácidamente con el Lalo una noche, cuándo de la nada se levantó un viento, pero un viento!!!  A lo único que atinamos fue a tirarnos al suelo, a lo oscuro, se había cortado la luz…y era una de tronar y tormenta eléctrica que daba miedo che!!!

Y sentimos un golpe, pero que golpe! En el techo.

Era un ruido, pero ustedes no saben aquello como se escuchaba, enfurecido totalmente y miro al Lalo y estaba con las manos en la cabeza y me dice

-Prendé las velas a la virgen esa que vos crees!!!

Nosotros  atentos, seguíamos el hilo del cuento. Continuó.

Como sería la cosa que el Lalo me pidió, él que no creía en nadita de esas cosas.

Me tuve que levantar tanteando todo, para venir al otro dormitorio y dar con las velas que voy dejando ahí en la virgen de Santa Bárbara… y que cosa grandiosa, fue prender las velas y todo quedó serenito, paró todo, ni la tormenta, ni el viento ni nada.

Y ahí aprovechamos y salimos a mirar que había sido ese golpe tan fuerte y cuando quisimos  ver, era la tapa de la chimenea de la estufa que se había caído en el techo, dos chapas me rompió. No me voló la casa de asco…

Menos mal prendi las velas, es creer o reventar.