No recuerdo el día
pero recuerdo el momento;
levanté la vista y lo supe:
te estabas yendo.
A veces hablo de lo que vi,
de los recuerdos lejanos
y el vacío que dejaste.
Pero no sé por qué ya no te hablo a ti
Un día ya no estabas
y se paró mi mundo.
Y aún así siguió avanzando.
No recuerdo fechas,
no recuerdo momentos,
y siento que ya no estoy viviendo.
Ya no te veo llegar del trabajo,
ya no salimos los domingos en el auto,
ya no estas para festejar mi cumpleaños.
Cambié
pero vos siempre vas a estar igual.
Siempre vas a tener la misma edad,
la misma cara
y el mismo peso en mi mente.
Ya no te escucho jugar con el perro
y no te veo mirando Nacional.
No siento el calor de tu abrazo,
ni tu barba cuando te doy un beso.
Pero puedo sentir ese vacío
que no descansa ni un momento.
Tu risa es distante.
no recuerdo tu voz ni tu cara,
tampoco tu olor.
Pero recuerdo el frío en mi mano
cuando la acerqué a tu frente,
también el moretón en tu mejilla
y la tranquilidad en la que estabas
mientras que a mi
me caían lágrimas por el mentón.
Nunca me leíste un cuento
pero siempre estuviste ahí,
mirando,
cuidando,
trabajando.
Extraño la vida que tenía con vos,
extraño reír con vos.
Ya no te veo en mis sueños
ni reconozco tu rostro en mis recuerdos.
Olvidé tu voz
pero nunca lo que me decías.
Se siente irreal como el primer día,
pero extrañamente familiar.
Es como si no pudiera imaginarte de nuevo,
como si pertenecer a tu mundo
no fuera lo correcto.
Mamá llora
y yo también,
pero no estás para preguntar por qué.
Ya no miro cuando alguien se parece a vos
porque se que nunca vas a volver,
porque incluso en mis sueños estas ausente. Porque ya no me pregunto dónde estas
ni por qué yo no puedo ir;
En su lugar atesoro el silencio,
aquel sepulcral que dejaste
con tu partida.
No hay noche en la que no llore
o en la que no te piense.
Me consume el sentimiento;
estoy drogada de tristeza
y enferma de nostalgia.
El mundo se está pudriendo como mi corazón,
la gente buena se está yendo con vos.
Mi brújula se rompió junto a mi alma
y mi mente se fragmentó como vidrio roto.
Pero ya no estás acá para impedirlo,
Ni para comprarme lo que te pido
tampoco para decirme un «te quiero».
Te extraño
Hoy,
mañana
Y siempre.
Me río durante el día
pero si estoy en silencio y oscuridad
te pienso;
no te rezo
pero si te extraño.
Te lloro siempre,
pero mantengo tu silencio.
Y miento de día
para que nadie piense
que necesito más que un abrazo
o un beso tierno
que solo mi viejo sabía darme.
Papá,
espero algún día me vuelvas a visitar,
y que me vuelvas a mimar,
así puedo recordarte una vez más
Sin tener ese miedo a olvidar.
