Hombre sensible y firme en su andar. Amante de la vida, vibra desde la lealtad. En sus relatos se descubre un amor profundo por ayudar, una convicción que sostiene con palabras simples y los pasos que da. Allá por el 2010 comenzó un camino largo y silencioso, un recorrido hecho de tiempo dedicado, ese bien tan valioso, el más importante, del que tanto se habla y tan poco se brinda. En su barrio, La Lanera, formó un grupo que impulsa el deporte, pero todo iba mucho más allá de lo técnico. Allí comenzaba algo más profundo y verdadero, una mirada social firme y clara, sostenida por una idea que se volvió bandera. La frase que identifica a su cuadro al jugar. ´´NI PEORES, NI MEJORES, SOMOS DIFERENTES.”
Tiene una mirada amplia sobre la vida, pies que han recorrido mucho y un corazón tan grande que parece escaparse del pecho. En su oído paciente y en su mirada sincera habita la calma. Pasar por su consejo es casi obligatorio. Se percibe que espera ese momento y lo disfruta, aconseja con ganas, alivia el alma y siembra esperanza. Habla con profundo amor de la familia que formó, esa escuela cotidiana de valores, esfuerzo, sacrificio y gratitud, construida junto a su compañera de vida, Jacinta, la de siempre y la semilla de su amor, Dylan y Pablo.
Pero todo comenzó en un bar, el bar de su padre. Allí aprendió a abrir las alas y a aplicar su vocación por ayudar. Herencia viva que su padre le dejó, mientras él observaba atento, buscando en qué ayudar y qué aprender. Relatos largos de encuentros y momentos en ese bar, que vivirán para siempre en él, visible es su emoción cuando relata lo vivido. Sin decirlo, sin alardes, continúa ese legado encendido. Hombre sabio, de amplia mirada cultural, de palabras precisas y necesarias, enseñanzas que muchas veces llegan de forma inesperada, pero siempre en el momento justo. El folclore, su género preferido, acompaña su sentir y su memoria, marcando el pulso de su conciencia y estudiando con calma cada letra y el mensaje que esto abraza. Cuando te conocí marcaste tu presencia, serio, de pocas palabras, imaginé que sería difícil trabajar así, sobre todo porque a mí me gusta conversar bastante y preguntar todo aquello que me genera curiosidad. Pero el tiempo me regaló la oportunidad de descubrir en vos algo invaluable, la capacidad de observar, de escuchar y dedicar tiempo sin esperar nada a cambio. En vos se descubre el arte de saber esperar, algo tan difícil de poner en práctica, aunque posible cuando logramos ser más conscientes. Me venís guiando a soltar el impulso de querer abarcar tanto, aunque ahí, en el hacer constante sea donde más me gusta estar, ya que me decís que algo siempre se escapa, las manos no alcanzan para sostener tanto. Acompañada por tu palabra cercana, sigo aprendiendo a elegir y a comprender que en cada relato se construye y se revela lo mejor que podemos dar. Silencioso en el instante justo, paciente como el tiempo al pasar, con el don sagrado de unir con la palabra precisa y leal hasta morir. Así es BARTOLO BARRIOS y quedan muchas palabras por decir.
