Ha finalizado una nueva edición de Cuenta Cultura. Y sucedió mágica y no tan mágicamente. El esfuerzo de los gestores independientes y artistas permitió el encuentro y la convivencia solidaria en torno a los valores que nos aporta la cultura. Las distintas artes se buscan en el espejo colectivo y se encuentran en el desarrollo individual y comunitario simultáneamente. Esa rareza, vastedad, jolgorio propio de una feria permiten visibilizar las distintas expresiones del arte que no son otra cosa que el reflejo de un ser humano diverso, complejo, atrapante y muestran a su vez la necesidad actual de verlo así, sin reducciones, complejo, amplio, democrático.
Cuando vos le contás al otro, la invitás, la atraés, lo enamorás. El se arrima, ella se siente valorada, siente que forma parte, se incluye, existe y entonces comprende y sin más, lucha. Defiende la cultura y hace bien sus cuentas. Sabe que nada sobra y todo falta, entonces se esmera, piensa, se recuesta, se da maña, siente al otro que también busca, se busca, se centra, cuenta y se cuenta. Prueba sus tortas, busca sus letras, hila expresiones y teje amistades, lee y hace leer, toca y escucha, danza y es movido por la cinética general, pinta y dibuja, retrata y trata, trae y lleva, divulga y piensa en enchufes, fletes, logística, el todo es la arcilla que moldea su Cultura, la que es medio y a la vez producto. El y ella no son frutilla de ninguna torta, forman la torta misma. Barren y limpian y si es necesario, mientras limpian cantan y cuentan. Se mueven y buscan. Y ríen y viven. Viven y son futuro. Él la toca, ella lo siente, la cuenta se alarga, la cultura se teje y se vuelve tangible entre tortas y abrazos de encuentro. Y se vuelve a contar. Y otra hace lo mismo con aquel. Y aquella siente que la cultura la inunda, la llena. Como la luna, la ilumina, la cobija, la alumbra. Y como jugando, que también es cultura, se han descentrado en labor. Y entonces, como los trabajadores, ríen por el deber cumplido. Y agradecen.

