¿QUIÉNES SOMOS?

Charlando con Julio Enciso.

por | 6 May, 2026

A veces tenemos suerte y conocemos algún imprescindible. De los que caminan por las calles de nuestra ciudad, sencillos, amables, disfrazados de gente común. Sin embargo, tienen un alma especial porque “ven” al otro, “sienten” con el otro. Gente que hace de su amor al prójimo una práctica constante de respeto, dignidad y cuidado de los demás. Es “gente luminosa” y como decía Galeano: “arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear y quien se acerca se enciende”. Así traemos el recuerdo de un imprescindible: Julio, “el pelotita” Enciso”. 

 La magia de su prosa está en transmitir a través de sus historias, sensibilidad ante situaciones crueles e injustas, por las que nadie debería pasar. 

No pude contagiarle esperanzas de mi naturaleza optimista, más bien él, astutamente, me cargó con parte de su fardo, dice él en su encuentro con Pepe, el de “Malandra”.  Cuento donde expone al personaje pero también se expone él, su empatía a riesgo de ser juzgado… ¡qué importa! Si ambos, esa noche estarían con las patas secas preparando el guiso.

En el cuento “Eloísa”, nos dice: “Imaginó la vejez como un río manso… como debería ser. Pero no es…” poniéndonos en la piel de una mujer, pobre, de tercera edad, llena  de preocupaciones, que busca “su lugar” en la vida, pero sobre todo en la familia.

“Junto con el dulce, con el arroz, con el jugolín en el bolso, entran en su alma los ojos de sus nietos…” Eloísa es la voz de la vejez pura y dura, preocupada siempre por el porvenir de la generación joven. En este caso “esta pelotera de moquientos que son sus nietos e imaginarse algún futuro para ellos”. Por ellos lucha y resiste

Resiste a la vejez, resiste  a la enfermedad pero se entrega cuando oye decir: ”Esta vieja de mierda es capaz de morirse, como si no supiera que todavía nos quedan tres cuotas del televisor.” Es el yerno el que las dice, en nombre de  una sociedad consumista y cruel que desprecia a sus viejos.

Pablo, su hijo, me dice que al viejo lo que le gustaba era charlar. Aprontarse un amargo, con un tabaco y profundizar mano a mano las cosas de la realidad, de la vida dura de la gente que conocía muy bien. Charlar… ahora en tiempos de multimedia deberían crear archivo de voces y expresiones para que los que vienen puedan conversar con los que ya se han ido… eso sería creativo. Encender un fuego imaginario, mate en mano, y prosear a través del tiempo. 

Julio era un organizador nato, meticuloso, enseñado para enseñar. uno aprende a organizar organizando, igual que como aprende a comer. Te dan una cucharita y vos te embadurnas la cara de puré hasta que automatizas el uso de las articulaciones de tu brazo, cuello y boca. Después solo comés y también organizás. Se te vuelven parte. El miraba la vida también a través de “celosías” imaginarias, las de aquellos que no tienen voz, los invisibilizados. Él no solo se sensibilizó, también trabajó para cambiar una  realidad que le dolía. Junto a otros y otras trabajó en el merendero del Rampla donde reforzó su contacto y compromiso popular con la infancia golpeada. “Era otra vida. Pegó él y disfrutó”, dice hablando de Guillermo, en “Miedo. Algún día se valorará el trabajo comunitario, invisible a los ojos de este estado.

A los gurises les decimos que si tienen chance conversen con esos tipos, que dejen de hacer las cosas importantes y pierdan tiempo charlando con los que abren perspectivas, ensanchan la cancha, se amigan con las dudas y no tienen miedo de decirte no lo sé. Les aseguraría casi que muchas veces esos no sapientes son más alumbradores. Angel Tudurí, que lo instó a publicar, ha dicho “estoy en apuros” refiriéndose al encuentro con los textos de Enciso. Estás en apuros si lo lees pero más estás si no lo lees. Creo que compartir con él, en general, te ponía en apuros. Se le extraña a Julio. ¡Ya inventaremos algo para contactarnos!